martes, 1 de septiembre de 2015

BANCOS DE ALIMENTOS EN MÉXICO



LOS BANCOS DE ALIMENTOS EN MÉXICO
Martha Gabriela Bayardo Ramírez

Un tercio de los alimentos producidos para consumo humano se desperdicia cada año, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación el desperdicio se extiende desde las plantas de cultivo, tiendas, procesamiento, restaurantes, granjas, comercios, cocinas particulares, entre otros; esto asciende a mil trescientos millones de toneladas sustento para alimentar a tres mil millones de personas.
En términos generales la experiencia mundial nos permite observar que el problema del hambre no es propiamente la producción de alimentos, sino la distribución de los mismos y el desuso de la cultura gastronómica local, dada la adopción de prácticas de monocultivos o del consumo de alimentos industrializados de forma indiscriminada.
En la distribución de alimentos el papel que desempeñan los bancos de alimentos en cualquier lugar del mundo -que en algunos de los casos transciende las fronteras del país en que operan dichas instituciones- tiene un sentido de organización social para luchar contra la pobreza alimentaria, haciendo una tarea de redistribución de alimentos.
Los bancos de alimentos buscan apoyar a la población más desprotegida con el abasto de productos alimenticios, sin ningún ánimo de lucro, basadas en el voluntariado, cuyo objetivo es recuperar los excedentes alimenticios de nuestra sociedad para canalizarlos hacia las personas necesitadas que puedan aprovecharlos, evitando así cualquier desperdicio o mal uso de los mismos. Esto se logra mediante la recolección y entrega de donativos en especie de las instituciones inscritas en estos programas.  
          En México 11.5 millones de la población viven en pobreza extrema, esto significa que dicha población no puede ejercer el derecho a acceder a alimentos adecuados a su cultura gastronómica como fruto de su trabajo, pero también en nuestro país se desperdician 10 mil toneladas de alimentos al año, señala el Secretario del Grupo Técnico de Pérdidas y Merma de Alimentos de la Cruzada Nacional Contra el Hambre,[1] asimismo la FAO afirma que en nuestro país se pierde en promedio el 37 por ciento de los alimentos, con lo que se podría alimentar a más de 7 millones de personas.[2]
Los anteriores datos resultan importantes en varios sentidos, en términos del binomio: desarrollo del país-desarrollo personal de la población, se puede concluir que nuestro país no cuenta con la contribución del potencial y los recursos humanos que pudiera aportar millones de personas para el desarrollo de nuestro país. El desarrollo de nuestro país se fuga a través de cada persona que sufre el dolor de la falta de acceso a los satisfactores de necesidades básicas.  
En México el problema de la falta de alimentos se manifiesta paradójicamente desde los productores de alimentos en el ámbito rural, pues las políticas del campo y los esfuerzos del gobierno no han logrado responder al contexto especifico de cada situación, los apoyos y programas son por un lado estandarizados y generalizados gastando la mayoría de las veces recursos que pueden ser valiosos si se logra diseñar programas adecuados a situaciones locales, ya que el problema del hambre que se sufre a nivel nacional no significa que se resuelva de la misma manera en toda la República Mexicana.
Por otro lado, las políticas sociales en México han tenido sólo un frente asistencial, sin considerar como estrategia paralela el desarrollo de una cultura productiva en dicha población, en donde la educación y el fomento de oportunidades eficientes son sustanciales para romper el círculo vicioso en el que se ha estantancado nuestro campo.
Resulta evidente que los esfuerzos hechos por nuestro gobierno no han sido suficientes, ni eficientes para mejorar la distribución de alimentos, por tal resulta valioso el esfuerzo cotidiano que hacen los bancos de alimentos para facilitar el acceso a alimentos de la población que sufre de pobreza alimentaria.
En el Banco de Alientos de México (Bamx) operan 61 bancos de alimentos asociados a dicha institución, que se identifica por el eslogan: “Sobra más de lo que falta”. [3]
Uno de los pioneros que ha contribuido de manera relevante en nuestro país para garantizar las funciones de los bancos de alimentos es Ricardo Bon Echevarría, quien promueve la fundación y la labor de otros bancos de alimentos.
Después de otras fundaciones de dichos bancos, se hizo necesaria la constitución de la Asociación Mexicana de Banco de Alimentos (AMBA), pero es urgente que el gobierno impulse y poye el esfuerzo que hacen los bancos de alimentos que operan en nuestro país y que promueva que se sumen organizaciones del sector privado de manera regulada y controlada con el objetivo de garantizar que la intención primaria de los bancos de alimentos se cumpla a cabalidad, bajo el amparo del gobierno mexicano.
Si para los negocios de alimentos y bebidas existene un cuerpo nomativo y distintivos de higiene e inocuidad, seguridad y calidad, deberían implementarse también distintivos para aquellos restaurantes que no desperdician alimentos, instruir y fomentar el uso de la merma de alimentos en buen estado para hacer otros platillos y donar dichas preparaciones a los bancos de alimentos o por lo menos impulsar el compromiso de los negocios hacer un buen manejo de residuos de alimentos -el proceso de putrefacción de la comida genera gas metano, siendo justo ésta el tercer emisor de gases de efecto invernadero en el mundo lo que provoca contaminación. Otra posibilidad de un buen uso de las mermas que no cumplan con la calidad requerida para el comsumo humano es fomentar la sitematización de procedimientos para hacer compostas que pueden usarse aún en las áreas verdes a nivel público o privado o para alimento animal, pensando que hay 64 mil hectáreas agrícolas en el Distrito Federal-.
Si todos sabemos que el esfuerzo hecho por el gobierno es insuficiente e ineficiente por que no fomentar entre nuestros círculos sociales una cultura de concientización, solidaridad y compromiso de las familiar que tienen la posibilidad de hacer donativos de alimentos que no van a consumirse en sus hogares, pero que dichos productos tienen todas las condiciones para hacerlo y reforzar el correcto manejo de los desechos de los hogares.
En conclusión el problema del hambre en México es un tema que nos compete a todos. La pobreza alimentaria es la incapacidad que tiene el gobierno y la sociedad en su conjunto para facilitar que las persona puedan incrementar su nivel de oportunidades que les permita cubrir las necesidades que garantizan una vida digna, por tal los bancos de alimentos son una respuesta solidaria que no facilitan un nivel de distribución de alimentos de forma más eficiente.

Fuentes electrónicas
BAMX, “¿Quiénes Somos?” Bancos de Alimentos de México, en <http://bancosdealimentos.org.mx/>.
Informador.MX, “México desperdicia más de 10 mil toneladas de alimento al año”, Informador.MX, 2013, en ˂http://www.informador.com.mx/mexico/2013/497074/6/mexico-desperdicia-mas-de-10-mil-toneladas-de-alimentos-al-ano.htm˃. 
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “América Latina y el Caribe enfrenta sus pérdidas y desperdicios de alimentos”, FAO, en ˂http://www.fao.org/americas/noticias/ver/es/c/288309/˃.

Cítanos:
Bayardo Ramírez, Martha Gabriela, “Los bancos de alimentos en México”, Sobre los fogones de México, Distrito Federal, 2015, < http://ungranodefrijolymaiz.blogspot.mx


[1] Informador.MX, “México desperdicia más de 10 mil toneladas de alimento al año”, Informador.MX, 2013, en ˂http://www.informador.com.mx/mexico/2013/497074/6/mexico-desperdicia-mas-de-10-mil-toneladas-de-alimentos-al-ano.htm˃, (19-Junio-2015). 
[2] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “América Latina y el Caribe enfrenta sus pérdidas y desperdicios de alimentos”, FAO, en ˂http://www.fao.org/americas/noticias/ver/es/c/288309/˃, (1-Julio-2015).
[3] La Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos (AMBA), fundada en 1995, reúne en la actualidad a 60 bancos en toda la República Mexicana llevando alimento a los orfanatos, asilos, familias, gente que padece hambre en el país, trabajo que tiene convenios con instituciones nacionales e internacionales como Global Food Banking Network y Fare Share Community.
Los bancos de alimentos operan con un programa autofinanciable a través de cuotas solicitadas a los beneficiarios por el alimento: un peso por cada kilo de alimento perecedero y hasta el 10% del valor comercial de los no perecederos. BAMX, “¿Quiénes Somos?” Bancos de Alimentos de México, en <http://bancosdealimentos.org.mx/> (16-Junio-2015).

miércoles, 14 de enero de 2015

ESCULTURA DE CHOCOLATE, AZÚCAR Y HIELO



LA “ESCULTURA” EN LA GASTRONOMÍA
Martha Gabriela Bayardo Ramírez

La historia de la escultura[1] se remonta a los tiempos de la prehistoria. El significado de esta actividad es la transformación de un trozo de materia que refiere a una encarnación, ya sea por imitación de los seres vivientes, las realidades del espíritu o del pensamiento, en la cual el escultor se expresa creando volúmenes y conformando espacios. Su evolución y complejidad la ubicaron pronto entre las bellas artes, ya que en la escultura se reconoce de manera palpable la máxima de Platón que enuncia que en todas las cosas, naturales y humanas, el origen es lo más excelso.
La evolución de la escultura la ha llevado a conquistar el espacio urbano e íntimo del hombre contemporáneo, dada su complejidad como instauración del ser, que es hacer presente o actual lo ilimitado, pues “el poeta, el artista elige libremente situarse contra las pretensiones de lo no-finito”.[2] Esto implica vivir el proceso asociado con lo divino a través de la máxima acción o verbo humano: la creación.
La creación humana implica saber someterse al mundo del “contenido potencial que se atrapa, por decirlo así, en las configuraciones limitadas de la afirmación conceptual o estética. Pero el lenguaje generaliza, universaliza y niega la individuación”,[3] es decir, ir hacia lo intempestivo de dejar de ser individuo y volverse hacia el ser que es universal, ya que el lenguaje del artista escultor encarna directamente el flujo y la reflexión.
Desde esta concepción profundamente estricta de asumir la subordinación de la persona ante la fuerza que mueve la creación que es el ser, se debiera tomar responsablemente una distancia para la reflexión sobre nuestra pretensión al afirmar que actualmente, en la gastronomía, se hace escultura.  
Este trabajo tiene la intención de reconocer nuestro potencial real y reflexionar en torno a si verdaderamente se logra el nivel de creación que se requiere cuando se habla de escultura.
Esto nos permitiría como gremio, no caer en pretensiones al afirmar que en nuestra labor se crea arte escultórico, cuando en realidad se debiera aceptar humildemente que tan sólo se hacen figuras de chocolate, de azúcar o de hielo, en las que se advierte un extraordinario nivel de dominio técnico, aunque sin elaborar una composición estética que alcance la categoría de escultura.
Debe reconocerse que una de las bases para la creación es el dominio de la técnica, aunque no es la única condición para crear una obra de arte. Así, es necesario asumir que para crear una escultura de chocolate, de azúcar o de hielo se deberá, por principio, ser artista, pues es posible crear esculturas con materiales distintos a los aceptados formalmente por esa disciplina del arte plástico, pero lo que no es factible es hacer una escultura sin ser artista.
La formación de artistas en cualquiera de las disciplinas de las bellas artes no se alcanza solamente con el dominio de habilidades y técnicas, ya que uno de los estratos más relevantes de un artista está dado por el soporte filosófico y reflexivo propio de la creación, la cual se decanta en una forma de vida que afirma las creencias que le dan sentido al artista.
El contenido de cada obra de arte va más allá de las buenas ideas; la creatividad y la innovación que en la actualidad son una tendencia de los nuevos modelos gastronómicos. Esto significa que la gramática de la creación en la que se gesta el arte se consolida por medio de la “organización articulada de la percepción, la reflexión y la experiencia; la estructura nerviosa de la conciencia cuando se comunica consigo misma y con otros”,[4] dado que en la creación existe la impresión de la imaginación y del capricho del azar, que permite el encuentro íntimo y ontológico entre la obra de arte y su espectador.
Ese encuentro se genera por la evocación o implicación de la conciencia en donde se libera el tiempo lineal de la conciencia ordinaria -en donde todo está dicho y sólo es posible la innovación y la creatividad-, para que ocurra la fecunda creación.
Por otro lado, debe reflexionarse también sobre la definición de artesanía;[5] de acuerdo con la Ley Federal para el Fomento de la Microindustria y la Actividad Artesanal en su artículo tres, la artesanía es la:

Actividad realizada manualmente [ya que normalmente es realizada de esta forma, sin el auxilio de maquinaria o automatizaciones] en forma individual, familiar o comunitaria, que tiene por objeto transformar productos o sustancias orgánicas e inorgánicas en artículos nuevos, donde la creatividad personal y la mano de obra constituyen factores predominantes que les imprimen características culturales, folklóricas o utilitarias, originarias de una región determinada, mediante la aplicación de técnicas, herramientas o procedimientos transmitidos generacionalmente [cabe señalar que cada pieza obtenida es distinta a las demás].
[Y como artesano se debe comprender] a aquellas personas cuyas habilidades naturales o dominio técnico de un oficio, con capacidades innatas o conocimientos prácticos o teóricos, elaboran bienes u objetos de artesanía.[6]

De estas definiciones debe señalarse que la artesanía tiene una connotación cultural vinculada a una región específica y que ésta es parte de una tradición, dado que esos procedimientos y técnicas son transmitidas de generación en generación.
Por otra parte, el trabajo que se realiza con figuras de chocolate, azúcar o hielo carecen de esos rasgos, se trata más bien de una concepción hibrida; antes de llegar a una conclusión se debiera revisar la diferencia entre la artesanía y la manualidad:[7]

Las distinciones básicas de la artesanía es que existe una profunda y sucesiva serie de transformaciones de las madererías primas en insumos, que son reelaborados hasta lograr el producto. En las ramas de la manualidad generalmente se parte de insumos preelaborados, por lo que el tiempo invertido en transformar las materias primas prácticamente no existe. De esta manera la diferencia es una ventaja para éstos.[8]

De esta cita se puede colegir que lo que se intenta como escultura en la gastronomía es que termina por no serlo del todo, pues esas figuras no se hacen para crear una identidad cultural específica; aunque,
como híbrido, se puede comprender el producto que conserva rasgos de identidad, resultado de una mezcla de técnicas, materiales, decoraciones y reinterpretaciones simbólicas en objetos hechos con procesos artesanales que combinan aspectos del dinamismo cultura y globalización, pero no llegan a consolidarse como productos culturales comunitarios. Una de sus características principales es la mezcla de elementos provenientes de distinta naturaleza, tanto de artesanía como de manualidad, en tal cantidad o de tal manera que no pertenecen ya a ninguno de ellos y forman una nueva categoría. En algunos casos y proceso evolutivo llega a configurarse como tradición artesanal.[9]

Esta afirmación parece atentar contra nuestro gremio, y sobre todo contra los concursos de “escultura” de chocolate, azúcar o hielo, pero es fundamental otorgar la justa dimensión a nuestros conceptos si buscamos un intercambio multidisciplinario sólido con el ámbito del arte.
Ojalá esto provoque que se pueda llegar a formar artistas en nuestro ámbito, y que de esta manera en nuestro quehacer pueda construirse un sentido humano de mayor compromiso con el desarrollo de la conciencia.
Recuperar la conciencia de nuestros límites es valorar lo que sí somos capaces de hacer y construir desde la riqueza de nuestro bagaje y linaje. Insisto: no hace falta que la gastronomía sea una obra de arte, porque en sí misma está justificada su riqueza y su razón de ser.
Para saber más sobre el tema de creatividad, busca nuestro manual Cocinando Creatividad en Amazón.


O para ver más ir a :
https://ungranodefrijolymaiz.blogspot.com/2018/05/
https://ungranodefrijolymaiz.blogspot.com/2017/
https://ungranodefrijolymaiz.blogspot.com/2016/

Referencias bibliográficas
Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, “Ley Federal para el Fomento de la Microindustria y la Actividad Artesanal,” Art. 3º, II y III, Nueva Ley publicada en el Diario Oficial de la Federación el 26 de enero de 1988, Última Reforma DOF 09-04-2012, México.
FONART, Manual de diferenciación entre artesanía y manualidad, Fondo Nacional para el Fomento de las artesanías, México, s.a.
Steiner, George, Gramáticas de la creación, Madrid: Siruela, 2001.

Cítanos: 
Bayardo Ramírez, Martha Gabriela, “La escultura en la gastronomía”, Sobre los fogones de México, Distrito Federal, 2014, < http://ungranodefrijolymaiz.blogspot.mx/>    


[1] Los materiales que se usan de forma tradicional en la escultura son la arcilla, la piedra (caliza, mármol, arenisca, alabastro, granito y diorita, esteatita, cuarzo y jade), el estuco, el metal (oro, bronce, hierro [puede llegar a ser hierro esmaltado] y acero), la madera, el marfil y el hormigón. Las técnicas desarrolladas son las de esculpir, modelar (arcilla, cera, plastilina), vaciar, cera perdida, cincelar, repujar, estampar o troquelar, soldadura eléctrica, soldadura autógena, embutir o galvanoplastia.
[2] Steiner, George, Gramáticas de la creación, p. 130.
[3] Ibídem, p. 131.
[4] Steiner, George, op. cit., p. 15.
[5] Las ramas de la artesanía son: alfarería y cerámica; textiles; madera; cerería; metalistería; orfebrería; joyería; fibras vegetales; cartonería y papel en todas sus modalidades (papel amate y picado); talabartería, peletería; maque y laca; lapidaria y cantería; arte huichol; hueso y cuerno; concha y caracol; vidrio y plumería.
[6] Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, “Ley Federal para el Fomento de la Microindustria y la Actividad Artesanal”.
[7] Las ramas de las manualidades son: cerámica; textiles; maderas; vidrio; cerería; pasta; repujado; hoja de maíz; cuentas; chaquira; bisutería; fomi; unicel; papel; confitería y deshidratados.
[8] FONART, Manual de diferenciación entre artesanía y manualidad, p. 11.
[9] Ibídem, p. 14.